Monday, January 09, 2017

El padre Oberlin, con un oído en el Evangelio y otro en el pueblo



Mariano Oberlin es cura desde hace 11 años y está a cargo de la parroquia Crucifixión del Señor de los barrios Müller y Maldonado, en el corazón del narco cordobés.
Además de su labor religiosa, el sacerdote impulsa una reforma social en esta barriada cordobesa, a través de talleres donde les enseña oficios a los adolescentes y jóvenes para darles herramientas que les permitan una vida digna.
En los primeros días de enero de 1976, cuando gobernaba el país la presidenta constitucional Isabel Perón y a Córdoba un interventor avalado por el peronismo provincial, en la llamada “Noche de los moncholos” un grupo de tareas del Comando Libertadores de América copó la casa de los Oberlin en barrio Comercial –al sur de la capital- y se llevó secuestrados al padre y al tío de Mariano, quien entonces tenía sólo tres años.
Héctor Guillermo Oberlin y su cuñado Angel Santiago Baudracco, ambos militantes del Peronismo de Base, aún están desaparecidos. Se sospecha que el padre del sacerdote fue torturado y fusilado en el Campo de la Ribera y enterrado en una fosa común en el cementerio San Vicente, a pocas cuadras de donde está emplazada la parroquia Crucifixión del Señor.
Sobre el rol de la Iglesia durante la pasada dictadura cívico militar, el padre Oberlín opina: “Hubo una parte importantísima de la jerarquía que fue absolutamente cómplice, no significa que toda la Iglesia haya sido cómplice, porque gran parte de las personas que murieron o fueron desaparecidas provenían de grupos cristianos y con el deseo de cambiar el mundo desde la perspectiva del Evangelio. Dentro de la Iglesia también tenés a (Miguel) Hesayne, (Enrique) Angelelli, (Jaime) De Nevares… hay una lista de obispos que se jugaron la vida, algunos hasta encontrar la muerte. En algún momento me hizo mucho ruido y me afectó mucho esta dicotomía”, le dijo al diario cordobés La Voz del Interior.
Y agregó que “mis viejos siempre estuvieron ligados a la Iglesia con los curas tercermundistas, ellos tenían acceso a (el exarzobispo de Córdoba Raúl Francisco) Primatesta. Cuando desapareció mi viejo, mi mamá le fue a pedir personalmente que intercediera y él no la quiso recibir”.
En mayo pasado, luego de que un grupo de mujeres -cuyos hijos son adictos al paco y otras drogas- fueran amenazadas por bandas narcos que operan en la Seccional Quinta, Oberlin lanzó una denuncia pública. Y un grupo de medio centenar de sacerdotes de barrios periféricos donde la exclusión y el narco penetran en el tejido social forzó que la jerarquía eclesiástica cordobesa se preocupara por la problemática.
Fue así que el arzobispo Carlos Ñáñez y el obispo auxiliar Ricardo Seirutti; junto al padre Mariano Oberlín, y unos 70 curas de la Arquidiócesis de Córdoba concelebraron misa en la parroquia de barrio Müller, donde hace una semana murió de dos balazos Lucas Rudzicz. “Hay que hacer algo con el tema del narcotráfico, porque va invadiendo los barrios. También hay que hacer algo con los chicos, darles otros horizontes, otras posibilidades”, había reclamado el cura.

Mientras que en octubre, Oberlin publicó una carta a través de Facebook donde denunciaba la muerte de un adolescente a causa de su adicción al paco: “Y hoy la muerte conquistó la vida de otro de nuestros changos. Una vez más, no sé ni siquiera qué quisiera reclamar. Nos acercamos a él hasta donde pudimos, y no alcanzó. Le acercamos algo de comida los días que pudimos, pero no alcanzó. Lo acercamos al consultorito médico que tenemos, desde el cual el doctor lo derivó al hospital para que sea internado con la urgencia que pudimos, pero no alcanzó. En el hospital se lo atendió lo mejor que se pudo, pero no alcanzó. No alcanzó nada: ni lo que hizo su familia por él, ni lo que hicimos nosotros, ni lo que hizo el Estado”.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home